lunes, 24 de julio de 2017

Pan y Circo.

 Cuando empecé con ésta idea, de escribir algunos artículos, posiblemente equivocados, a fin de establecer una comunicación con la gente que lo leyera y o bien entender porque algo iba mal, o bien aprender la realidad sobre esa situación, para juzgarla mejor, no pensé que tendría tantos motivos para escribir. Es decir en las dos primeras semanas escribí más de lo esperado y con mucha más facilidad de lo habitual. La última semana y media por motivos personales no tenía tiempo de escribir, sin embargo, si tenía temas de los que hablar, aunque no pudiera. Ayer surgió uno nuevo, y ahora que la agenda está menos apretada, me gustaría abarcarlo. Aunque no les voy a mentir, ya no me quedan tantas fuerzas ni tanta rabia o frustración como para hacer el mismo tipo de artículo. La incredulidad ha dado paso a la decepción y la rebeldía a la resignación. Parece que esto no tiene pinta de cambiar. Es decir, es algo que llevo viendo años, a la hora de criticarlo, supongo que no he visto suficiente esperanzas como para creer que podemos cambiar a éstas alturas. Le contaré lo que pasó ayer y me derrumbó.
Ayer mi padre estaba aparcando el coche, se acercó un hombre le empezó ha hacer señas y de ésta manera le ayudo a aparcar. Mi padre al bajarse le dio unas monedas, un par de euros que llevaba en el bolsillo, el dinero para el café de media mañana de ese día. En éste país ser autónomo es jodido, pero de bien nacido es ser agradecido. El hombre era un caballero. Se sorprendió de que mi padre le diera tanto, en comparación con lo que normalmente recibía. Y entablaron conversación. Como decía, según me contó ayer mi padre, éste hombre era educado y al notar el acento de mi padre y resultar paisano suyo, pues empezaron ha hablar y le contó su historia. Éste hombre trabajaba como jefe de mecánicos en una empresa, de ahí que tuviera cierta educación y saber estar, no era alguien que estuviera en esa situación por pereza o gusto, que los hay, siento mucho decir, yo he sido testigo de primera mano de ello.
La empresa cerró y el con cincuenta y tantos años no encontró ningún trabajo, nadie quería a alguien poco titulado y que estaba a punto de jubilarse. Así que viendo que la situación no cambiaba, decidió bajar con su mujer al sur de España, pues ella era de aquí, y así al menos no sufrir la humillación de que quienes les conocían, estimaban y tenían lazos con ellos, les vieran caer tan bajo a nivel económico. Éste hombre recoge cartón, chatarra, ayuda a aparcar, cualquier cosa de la que pueda sacar dinero. Su mujer trabaja limpiando escaleras y casas a un precio lo suficiente bajo como para que la contraten a ella en vez de a una docena más. Le contó a mi padre claramente afectado como habían caído más bajo de lo que nunca hubieran imaginado. Hasta el punto de tener que elegir a ciertas alturas del mes, entre cenar o desayunar. Teniendo que limitar su dieta a un par de comidas diarias, y de aquella manera. Sin poder pedir ayuda a nadie, pues de nadie pueden esperar ayuda, y además sólo les queda la dignidad y no piensan perder eso también. Valientes, duros, pese a todo, admirables. Esto está pasando en España, damas y caballeros, así está nuestro país. Ya no le queda a uno ánimo ni para enfurecerse.
No lo sé, queridos lectores, no lo sé. No sé cuál es al solución política o social para ésta situación. No soy un especialista, un erudito o un profesional. Sólo soy un charlatán, y no sé cual es la fórmula que funciones en éste país para que cosas así no sucedan, la fórmula que impida que los mismos sin vergüenzas, cara duras y vagos se aprovechen mientras los que realmente necesitan esa ayuda tienen problemas para solicitarla porque los primeros que la reclaman son quienes no la merecen. Peso es que yo no soy quien tiene que dar soluciones, soy un ciudadano indignado que las quiere. Se supone que las soluciones las tienen que dar ese grupo privilegiado compuesto por centenares de políticos que son los elegidos, votados y en teoría preparados, aunque para llegar a su puesto no necesiten demostrar estarlo.
Pero a pesar de que ellos tiene la culpa directamente de no arreglar cosas así, de no invertir mejor el dinero de todos y de no buscar soluciones a problemas reales, en vez de tomar las mismas medidas seguras que les van a dar votos, a pesar de que ellos son los culpables, nosotros somos también responsables.
Los funcionarios que se quejan de que les han aumentado dos oras la jornada laboral y quieren que se la bajen mientras se dan golpes en el pecho diciendo que son los que más han sufrido la crisis (en un país con niños con malnutrición y gente sin hogar, sin empleo y que se quema viva por velas que encienden pues no pueden pagar la luz). Los empresarios que sacan sus empresas del país, las deslocalizan en zonas donde los impuestos son más bajos, los salarios más asequibles y las condiciones menos sensibles. Todos tenemos culpa. Todos, por no echar una mano a quienes peor lo pasan aunque podamos, por hacer oídos sordos a ellos. Por dejar que ese grupo privilegiado dominante nos alimente con pan y circo, para cegarnos, para que ignoremos lo que pasan y como sangran y maman de la teta del país. Mientras nos cobran. Nos ponen el fútbol, nos ponen el corazón, pelis y series y ya anulan totalmente nuestra voluntad. Nos dan mierda, pagamos por esa mierda y encima salivamos antes de tragarla como si fuera un manjar.
Mientras en el mundo del fútbol cada día salen más escándalos, quien se podía imaginar que lo s privilegiados que mantienen distraídos al pueblo para los otros privilegiados del congreso, tenían la misma falta de vergüenza que ellos. ¡Que caramba! Y nosotros como tontos, comprando sus equipaciones deportivas, merchandising, entradas a partidos y asociándonos a sus clubs.
Y luego vamos a las librerías y compramos el libro de la Esteban, de la Campos y de la menganita y la fulanita. Si se lee algún libro que sean de esos. Para tener nuestro sentido crítico más atrofiado todavía su puede ser. Nos pervierten hasta la cultura, y no sólo les dejamos sino que participamos del proceso con todo nuestro interés, con ilusión y energía. Y sobre todo con nuestro dinero.

Que hablando de librerías, cada vez hay menos, cada vez cierran más y parece que no es gran cosa. Que curioso que cuanto más intentan atontarnos, los puntos que distribuyen cultura más complicado lo tengan para subsistir y aguantar el bache. Somos rejodidamente estúpidos al no ver estas cosicas. En fin señores, lo dicho, el país está al borde, al borde de un funesto futuro, y cada vez más. Pasan cosas horribles en él, no hacemos nada, permitimos que los que tienen que actuar no lo hagan, mientras destripan a su patria para sacar su tajada y nos venden a buen precio pan y circo para que sigamos idiotizados, tibios ante la situación, ignorando lo que pasa y cuán grave es. Con ésta perspectiva, la fuerza y la esperanza de uno, se apaga como una llama sin aire. 
Y bien, ¿Te ha gustado el artículo? Pues genial. ¿No te ha gustado? Pues déjame en los comentarios porqué, dime en que me equivoco, e ilustrame. Pero si me vienes con quejas y sin argumentos y a faltarme el respeto, te puedes ir a la puta mierda. Buenas tardes.
Post, post data. ¿Quieres saber porque tengo tan mala hostia y hago estos artículos tan cabreado? Mira mi entrada de presentación, donde explico de que va a ir mi sección. Un saludo. 

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