Cuando empecé con ésta idea, de escribir algunos artículos,
posiblemente equivocados, a fin de establecer una comunicación con
la gente que lo leyera y o bien entender porque algo iba mal, o bien
aprender la realidad sobre esa situación, para juzgarla mejor, no
pensé que tendría tantos motivos para escribir. Es decir en las dos
primeras semanas escribí más de lo esperado y con mucha más
facilidad de lo habitual. La última semana y media por motivos
personales no tenía tiempo de escribir, sin embargo, si tenía temas
de los que hablar, aunque no pudiera. Ayer surgió uno nuevo, y ahora
que la agenda está menos apretada, me gustaría abarcarlo. Aunque no
les voy a mentir, ya no me quedan tantas fuerzas ni tanta rabia o
frustración como para hacer el mismo tipo de artículo. La
incredulidad ha dado paso a la decepción y la rebeldía a la
resignación. Parece que esto no tiene pinta de cambiar. Es decir, es
algo que llevo viendo años, a la hora de criticarlo, supongo que no
he visto suficiente esperanzas como para creer que podemos cambiar a
éstas alturas. Le contaré lo que pasó ayer y me derrumbó.
Ayer mi padre estaba aparcando el coche, se acercó un hombre le
empezó ha hacer señas y de ésta manera le ayudo a aparcar. Mi
padre al bajarse le dio unas monedas, un par de euros que llevaba en
el bolsillo, el dinero para el café de media mañana de ese día. En
éste país ser autónomo es jodido, pero de bien nacido es ser
agradecido. El hombre era un caballero. Se sorprendió de que mi
padre le diera tanto, en comparación con lo que normalmente recibía.
Y entablaron conversación. Como decía, según me contó ayer mi
padre, éste hombre era educado y al notar el acento de mi padre y
resultar paisano suyo, pues empezaron ha hablar y le contó su
historia. Éste hombre trabajaba como jefe de mecánicos en una
empresa, de ahí que tuviera cierta educación y saber estar, no era
alguien que estuviera en esa situación por pereza o gusto, que los
hay, siento mucho decir, yo he sido testigo de primera mano de ello.
La empresa cerró y el con cincuenta y tantos años no encontró
ningún trabajo, nadie quería a alguien poco titulado y que estaba a
punto de jubilarse. Así que viendo que la situación no cambiaba,
decidió bajar con su mujer al sur de España, pues ella era de aquí,
y así al menos no sufrir la humillación de que quienes les
conocían, estimaban y tenían lazos con ellos, les vieran caer tan
bajo a nivel económico. Éste hombre recoge cartón, chatarra, ayuda
a aparcar, cualquier cosa de la que pueda sacar dinero. Su mujer
trabaja limpiando escaleras y casas a un precio lo suficiente bajo
como para que la contraten a ella en vez de a una docena más. Le
contó a mi padre claramente afectado como habían caído más bajo
de lo que nunca hubieran imaginado. Hasta el punto de tener que
elegir a ciertas alturas del mes, entre cenar o desayunar. Teniendo
que limitar su dieta a un par de comidas diarias, y de aquella
manera. Sin poder pedir ayuda a nadie, pues de nadie pueden esperar
ayuda, y además sólo les queda la dignidad y no piensan perder eso
también. Valientes, duros, pese a todo, admirables. Esto está
pasando en España, damas y caballeros, así está nuestro país. Ya
no le queda a uno ánimo ni para enfurecerse.
No lo sé, queridos lectores, no lo sé. No sé cuál es al solución
política o social para ésta situación. No soy un especialista, un
erudito o un profesional. Sólo soy un charlatán, y no sé cual es
la fórmula que funciones en éste país para que cosas así no
sucedan, la fórmula que impida que los mismos sin vergüenzas, cara
duras y vagos se aprovechen mientras los que realmente necesitan esa
ayuda tienen problemas para solicitarla porque los primeros que la
reclaman son quienes no la merecen. Peso es que yo no soy quien tiene
que dar soluciones, soy un ciudadano indignado que las quiere. Se
supone que las soluciones las tienen que dar ese grupo privilegiado
compuesto por centenares de políticos que son los elegidos, votados
y en teoría preparados, aunque para llegar a su puesto no necesiten
demostrar estarlo.
Pero a pesar de que ellos tiene la culpa directamente de no arreglar
cosas así, de no invertir mejor el dinero de todos y de no buscar
soluciones a problemas reales, en vez de tomar las mismas medidas
seguras que les van a dar votos, a pesar de que ellos son los
culpables, nosotros somos también responsables.
Los funcionarios que se quejan de que les han aumentado dos oras la
jornada laboral y quieren que se la bajen mientras se dan golpes en
el pecho diciendo que son los que más han sufrido la crisis (en un
país con niños con malnutrición y gente sin hogar, sin empleo y
que se quema viva por velas que encienden pues no pueden pagar la
luz). Los empresarios que sacan sus empresas del país, las
deslocalizan en zonas donde los impuestos son más bajos, los
salarios más asequibles y las condiciones menos sensibles. Todos
tenemos culpa. Todos, por no echar una mano a quienes peor lo pasan
aunque podamos, por hacer oídos sordos a ellos. Por dejar que ese
grupo privilegiado dominante nos alimente con pan y circo, para
cegarnos, para que ignoremos lo que pasan y como sangran y maman de
la teta del país. Mientras nos cobran. Nos ponen el fútbol, nos
ponen el corazón, pelis y series y ya anulan totalmente nuestra
voluntad. Nos dan mierda, pagamos por esa mierda y encima salivamos
antes de tragarla como si fuera un manjar.
Mientras en el mundo del fútbol cada día salen más escándalos,
quien se podía imaginar que lo s privilegiados que mantienen
distraídos al pueblo para los otros privilegiados del congreso,
tenían la misma falta de vergüenza que ellos. ¡Que caramba! Y
nosotros como tontos, comprando sus equipaciones deportivas,
merchandising, entradas a partidos y asociándonos a sus clubs.
Y luego vamos a las librerías y compramos el libro de la Esteban, de
la Campos y de la menganita y la fulanita. Si se lee algún libro que
sean de esos. Para tener nuestro sentido crítico más atrofiado
todavía su puede ser. Nos pervierten hasta la cultura, y no sólo
les dejamos sino que participamos del proceso con todo nuestro
interés, con ilusión y energía. Y sobre todo con nuestro dinero.
Que hablando de librerías, cada vez hay menos, cada vez cierran más
y parece que no es gran cosa. Que curioso que cuanto más intentan
atontarnos, los puntos que distribuyen cultura más complicado lo
tengan para subsistir y aguantar el bache. Somos rejodidamente
estúpidos al no ver estas cosicas. En fin señores, lo dicho, el
país está al borde, al borde de un funesto futuro, y cada vez más.
Pasan cosas horribles en él, no hacemos nada, permitimos que los que
tienen que actuar no lo hagan, mientras destripan a su patria para
sacar su tajada y nos venden a buen precio pan y circo para que
sigamos idiotizados, tibios ante la situación, ignorando lo que pasa y cuán grave es. Con
ésta perspectiva, la fuerza y la esperanza de uno, se apaga como una
llama sin aire.
Y bien, ¿Te ha gustado el artículo? Pues genial. ¿No te ha gustado? Pues déjame en los comentarios porqué, dime en que me equivoco, e ilustrame. Pero si me vienes con quejas y sin argumentos y a faltarme el respeto, te puedes ir a la puta mierda. Buenas tardes.
Post, post data. ¿Quieres saber porque tengo tan mala hostia y hago estos artículos tan cabreado? Mira mi entrada de presentación, donde explico de que va a ir mi sección. Un saludo.